
En un marco general, se puede afirmar que la mujer actual tiende a exigir a su organismo más de lo que éste puede realizar, debido a una presión en aumento del sistema moderno, tanto en lo laboral como en lo personal (horas de trabajo, responsabilidades familiares). La mujer de hoy, debe complementar con sus responsabilidades familiares y del hogar con el trabajo, con lo que existe un añadido considerable de presión y causas de estrés diario.
Esta situación lleva a una autodeprivación crónica e involuntaria de sueño, cuyas consecuencias son: la disminución imperceptible de las funciones de la memoria, el bajo rendimiento laboral, la alteración del estado de ánimo (irritabilidad, decaimiento) y la somnolencia excesiva diurna, como síntomas más notables.
Si se tienen en cuenta las modificaciones hormonales que se producen en la mujer cíclicamente y si se atienden las fechas y/o circunstancias en que ellas se producen, se hace comprensible que, tanto la menstruación como la ovulación, el embarazo y la menopausia, son causales de trastornos del sueño.
El embarazo está asociado con una enorme cantidad de cambios físicos y emocionales. Los cambios físicos incluyen , dolores musculares – dolores de espalda – acidez estomacal y los movimientos propios del feto. Existen muchos cambios emocionales que incluyen: ansiedad, miedo y depresión. Las emociones pueden cambiar rápidamente. Existen evidencias de que alrededor del 70% de mujeres embarazadas presentan algún tipo de trastorno o dificultad en el sueño durante el embarazo. Estos trastornos pueden variar dependiendo del momento del embarazo:
Aparte de la disrupción del sueño durante el embarazo como consecuencia de los cambios físicos y hormonales, existen otros problemas de sueño a lo largo del embarazo.
Debido a la subida de peso y la hinchazón de tejidos en el cuerpo de la mujer en el embarazo, muchas mujeres pueden empezar a roncar. Si la obstrucción del flujo aéreo es significativa y si existe una predisposición genética para roncar, puede aparecer la apnea obstructiva del sueño.
Durante el tercer trimestre, existe alrededor de un 15% de mujeres que pueden sentir una sensación de malestar en las piernas, que fuerza la necesidad de moverlas. Esta condición puede ocurrir igualmente en mujeres no embarazadas pero aumenta durante el embarazo.
Es importante considerar que las personas tienden a cambiar hábitos de sueño a la vez que envejecen, como parte de un proceso normal (ver sección Sueño y Tercera Edad). El proceso de envejecimiento de la mujer es acompañado por algunos cambios naturales en los patrones del sueño. La cantidad de sueño profundo disminuye, el sueño se hace más liviano y ocurren más despertares nocturnos.
En los años próximos a la menopausia, comienzan a aumentar los trastornos del sueño. El cambio gradual en el nivel de las hormonas sexuales impacta directamente al sueño e indirectamente afecta a otras hormonas importantes que están relacionadas con el sueño.
Empiezan los bochornos, las sudoraciones nocturnas -asociadas con la disminución de los niveles de estrógenos- estos factores pueden gatillar frecuentes despertares nocturnos asociados con la sensación de calor y sudoración. La frecuencia cardíaca aumenta y aparecen síntomas de ansiedad.
Aunque los bochornos duran unos pocos minutos, en casos severos, algunas mujeres pueden despertar varias veces por noche. Estos trastornos del sueño dan como resultado privación de sueño, lo que se traduce en fatiga y cansancio diurno, irritabilidad y depresión.
Algunas sencillas medidas pueden aliviar las molestias de los bochornos:
En los años siguientes, el sueño continúa haciéndose cada vez más ligero y más fragmentado. Es difícil mantenerlo por largas horas e ininterrumpidamente. Del mismo modo, el nivel de alerta diurno disminuye y el resultado puede ser la fatiga y el cansancio. Enfermedades físicas crónicas como la artritis, artrosis, enfermedades pulmonares, úlceras gástricas y aumento en la frecuencia de orinar, pueden asimismo ser factores que contribuyen en forma importante a alterar el sueño.
Hay algunos trastornos del sueño que son más frecuentes en esta etapa de la vida. Por ejemplo, desórdenes respiratorios, los que son poco comunes en las mujeres jóvenes. En general estos trastornos se relacionan con la disminución del nivel de progesterona.
La obesidad y poca actividad física son factores de riesgo en el surgimiento de desórdenes respiratorios asociados al sueño. Un síntoma de ellos son los ronquidos fuertes y una excesiva somnolencia diurna.
También influyen en bajar la calidad del sueño algunos factores psicosociales, enfermedades físicas y estado emocional. En esta etapa de la vida femenina, la conexión entre preocupación e insomnio es evidente. La tensión y el estrés son muy dañinos para el sueño. Algunos consejos para dormir en forma eficiente son: